Feliz Navidad

Un año más quiero dar las gracias a todas aquellas personas que hacen que mi proyecto siga adelante, tanto a aquellos valientes, como cualquier persona de mi alrededor que sigue ahí, aportando su granito de arena, para mi crecimiento constante.
Mi regalo para todos vosotros, es el cuento para reflexionar de Jorge Bucay, del libro “Cuentos para pensar”, más una pequeña reflexión y aprendizaje.
Espero que os guste tanto como a mí 😊

El Buscador

“Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador…
Un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra.
Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó, a lo lejos, Kammir, Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores. La rodeaba por completo una especie de pequeña valla de madera lustrada.

Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquél lugar.

El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor.

Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar.

Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. Decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas.

El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Aquel hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba.

Una por una, empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.
Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años…

Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó. Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

-No, por ningún familiar —dijo el buscador—.

-¿Qué pasa en este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que les ha obligado a construir un cementerio de niños?

El anciano sonrió y dijo:

– Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…:

“Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta como esta que tengo aquí, para que se la cuelgue al cuello. Es tradición entre nosotros que, a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

A la izquierda, qué fue lo disfrutado.

A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media…?
Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso…¿Cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana?
¿Y el embarazo y el nacimiento del primer hijo…?

¿Y la boda de los amigos?

¿Y el viaje más deseado?

¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano?

¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones? ¿Horas? ¿Días?

Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos… Cada momento.

Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido”.

Reflexión

Solemos pasar gran parte de nuestra vida buscando la “felicidad”, que parece ser siempre algo más de lo que hoy tenemos. Y cuando parece que lo encontramos, en lugar de disfrutarlo y valorarlo, estamos con nuestra mente puesta en un nuevo objetivo. Y tristemente, cuando perdemos esa “felicidad” por un mal mayor, es cuando nos damos cuenta de que ya estábamos siendo felices.

¿Por qué no somos conscientes del momento? 

Porque hay 3 tiempos donde podemos estar viviendo:

  • Pasado: recordando momentos felices vividos y anhelándolos.
  • Futuro: intentando prevenir consecuencias, pero también creando miedos innecesarios que probablemente nunca lleguen.
  • Presente: aquí y ahora, viviendo y disfrutando de cada cosa que nos toca vivir.

La mayoría de nosotros, vivimos en el pasado o en el futuro y por eso no somos capaces de disfrutar del presente. Por eso, no lo valoramos como corresponde.

Los tres tiempos son importantes porque cada uno de ellos te ayuda a algo.

Mirar al pasado te ayuda a recordar aprendizajes importantes para tu presente.

Mirar al futuro te ayuda a intentar mejorar tu presente para superarte a ti mismo.

Pero estos tiempos deberían de ser momentos puntuales en los que mirar y no en los que quedarnos viviendo.

Este cuento nos ayuda a darnos cuenta de que el único momento que tenemos para vivir es el presente, por lo que deberíamos aprender a disfrutar de esos buenos momentos que vivimos y sacar aprendizajes de aquellas experiencias más difíciles para mejorar como personas y hacerlo mejor con los que están a nuestro alrededor.

Si somos conscientes de esto, en vez de sumar años, podremos sumar momentos de verdadera felicidad.

Aprendizajes del cuento

  • La vida puede pasar en un abrir y cerrar de ojos. De pequeños, deseamos ser adultos para tomar nuestras propias decisiones. Pero una vez que cumples 18, vamos cuesta abajo y sin frenos. Y sin darte cuenta, te has comido media vida.
  • Tu vida será aquella que disfrutes: Seguramente habrás vivido y vivirás momentos especiales, que son los que realmente nos hacen felices. Y no tienen que ser acontecimientos o fechas señaladas. Desactivar el piloto automático en el que vivimos y hacer extraordinario momentos cotidianos de la vida (el desayuno, una ducha, una puesta de sol…) hace que disfrutes en abundancia.
  • Agradecer todos los momentos de vida: Está claro que no todos los momentos que vivimos son felices, también vivimos momentos duros y difíciles. Pero éstos también son necesarios para que apreciemos los primeros.
  • Dejar de lamentarse por lo que no poseemos: Desperdiciamos mucho tiempo lamentándonos por aquello que no tenemos, por conseguir un objetivo que anhelamos o ser alguien diferente a quien somos hoy. Esto nos lleva a tener una vida insatisfecha e incompleta. No necesitamos ser nada más de quien somos ahora mismo.
  • Empieza a valorar y a disfrutar de lo que sí tienes. Si somos conscientes de lo que sí tenemos hoy y disfrutamos del camino, empezaremos a sentir cada instante de nuestro tiempo con ese entusiasmo e ilusión por vivir. Hoy somos nuestra mejor versión.
  • La vida se compone de pequeños, medianos y grandes momentos. Si buscamos o esperamos a que aparezcan solo los grandes, no apreciaremos ni los pequeños ni medianos.
  • Buscar dentro y no fuera de nosotros. Creer que nos falta algo externo a nosotros para encontrar la felicidad es un error. La verdadera felicidad está dentro de nosotros. Si no, ¿por qué hay gente infeliz en un hotel de 5 estrellas? ¿Y cómo gente que apenas tiene para comer puede experimentar la felicidad?

…espero que os aporte este cuento tanto como a mí.

Os deseo una Feliz y Consciente Navidad